Estrategias comunicativas y cognitivas

Estrategias comunicativas y cognitivas.

(Con casos resueltos al final del documento)

Estamos sometidos a la influencia de los demás, del ambiente y de nosotros mismos.

Porque aquello que pensamos y el modo en cómo nos hablamos, determinan que seamos capaces o incapaces, que nos sintamos fuertes o débiles. En definitiva, que nos sintamos felices o infelices. Y después de todo, si yo me siento infeliz nadie puede convencerme de lo contrario con palabras. Se trata de mi experiencia.

  • La pregunta condiciona la respuesta.

Por poner un ejemplo de cómo estamos influidos por los demás, veamos cómo el modo en que se nos realice una pregunta puede condicionar nuestras sensaciones y nuestras respuestas.

Siempre que la respuesta no sea claramente y rotundamente un  SI o un NO, la pregunta condiciona el recorrido mental que llevaremos a cabo para dar con la respuesta. De este modo, si tenemos motivos tanto para sentirnos contentos como para no sentirnos demasiado contentos, si nos preguntan “si estamos contentos con lo que nos sucede o con cómo va todo”, será fácil que contestemos que sí o tirando a sí, porque la pregunta nos ha orientado a buscar recuerdos de experiencias en donde nos hayamos sentido contentos, mientras que si nos preguntaran “si no nos sentimos contentos”  seguramente encontraremos antes los recuerdos asociados a experiencias en que no nos hemos sentido demasiado contentos.

De ahí nace la “Estrategia del Test positivo”. Pregunta en positivo para reducir la posibilidad de que te contesten un no.

  • La percepción de autoridad en quien pregunta condiciona la respuesta.

El alumno entregó su trabajo al profesor y éste le preguntó: “¿Crees que está bien?”

El alumno se hizo atrás y se llevó el trabajo a casa para repasarlo y modificarlo.

Esta escena se llevó a cabo varias veces. Hasta que a la cuarta o quinta vez el alumno se quejó al profesor de que ya no sabía que más podía mejorar.

De hecho, la pregunta del profesor, que aún no había visto el trabajo, fue siempre neutra, sin ninguna intención ni valoración.

  • Las Estrategias del Problem Solving, basadas en las Estratagemas chinas.

En el caso de problemas recurrentes, de los problemas del tipo “Siempre me ocurre lo mismo”, el problema se mantiene porque existe una visión parcial de la situación y una imposibilidad, real o psicológica, de poder ver y/o crear las opciones necesarias para que el problema deje de serlo.

Una vez clasificada la dinámica que mantiene vivo el problema, se trata de ver cuales son los intentos fallidos de solución que lo alimentan a fin de identificar el tipo de cambio necesario. Las soluciones son totalmente creadas ad hoc, diseñadas y aplicadas con auténtico arte y precisión, a medida de la situación, de la persona y del momento. Un auténtico “traje a medida”.

Casos resueltos.

  • Estrategia contra la Ansiedad anticipada
    • “La mujer que anticipaba su miedo a hablar en público”

Curioso caso el de esta mujer. Su miedo se daba solamente en determinadas circunstancias y no era fruto de unos recursos insuficientes o deficientes. Debajo del miedo estaba una inseguridad que ella solamente sentía cuando tenía tiempo mental de realizar una comparación con el resto de personas. De este modo,  era capaz de expresarse en una reunión frente a sus compañeros y jefes, sin ningún miedo a sentir rechazo a lo que dijera o cómo lo dijera. De hecho era una mujer inteligente y muy bien preparada para desempeñar su trabajo. En cambio, se ponía nerviosa, tartamudeaba y se expresaba mal, cuando sabía anticipadamente que debía hablar en una rueda de participantes al cabo de 4 turnos, por ejemplo, o cuando sabía que debía dar una conferencia de trabajo el día D.

Realizamos, entre otros, terapia cognitiva y ejercicios de relajación. También le di tareas para que aprendiera a vivir en el aquí y el ahora. Y también utilizamos técnicas de asociación mental. Una de ellas consistió en que ella utilizara ceras de colores para pintar en abstracto sobre papel mientras su mente estaba conectaba a la visualización de realizar una buena performance en esa próxima conferencia que tanta ansiedad le producía. En tan solamente 6 sesiones, esta mujer aprendió a rebajar su ansiedad y puedo dar sus conferencias con éxito. Con 6 sesiones más acabamos con el origen de esta ansiedad anticipada.

  • Estrategias con los niños
    • “La niña que no hablaba en clase”.

De nada servía conminarla a hablar ni con premios ni con castigos.

La Estrategia que usé se apoyó en la regla básica: “Todas las personas necesitamos sentirnos importantes. Es una necesidad básica.”

Y la Estrategia fue la siguiente :

De acuerdo todos, padres y escuela, se pidió a la profesora que buscara excusas para dirigirse a la niña muy a menudo y que se dirigiera a ella usando siempre un nombre equivocado. Solamente con ella. No debía nunca equivocarse al dirigirse a los otros niños y niñas de la clase. Como la regla básica es que todos necesitamos sentirnos importantes y sentir que existimos para los demás, pudo más en la niña el protestar por ser tan continuamente ninguneada que el romper su “estrategia de silencio”.

Una vez roto el silencio, se rompió su estrategia no consciente de silencio.

Ocurre a menudo que nuestro subconsciente, sin mediación del consciente y también “a espaldas del mismo”, desarrolla un comportamiento disfuncional sin que la propia persona pueda conocer jamás cual fue el motivo que la llevó a desarrollar esta estrategia. Cuando se logra romper la estrategia no funcional creada por el subconsciente de la persona, pueden ocurrir dos cosas. Una, que ya no esté presente el motivo que llevó a la creación de la estrategia. En este caso ya no queda nada más por hacer. El segundo caso es aquél en el cual el motivo está todavía presente. En este caso será necesario eliminarlo para asegurar que no se genere de nuevo la misma u otra estrategia disfuncional.

  • Estrategias contra los traumas y las asociaciones disfuncionales.
    • El caso del chico y el travesti.

Un chico de 22 años, virgen, salió una noche, bebió algo más de la cuenta, se ligó a una chica y se fue con ella. Aún y con ciertas copas de más, el chico se dio cuenta de que la chica era un travesti. A partir de ese hecho el chico quedó traumatizado y tuvo, hasta los 33 años en que llegó a mi consulta, dificultades para poder tener una erección, o para mantenerla. El chico había visitado al urólogo y no existía ninguna causa física que le impidiese tener erecciones y mantenerlas.

Mediante la técnica del diálogo estratégico y el parafraseo, desvelé el modus operandi de este bloqueo funcional. Debajo de este bloqueo había, entre otras cosas, miedo a que la situación volviera a repetirse -incluso cuando el chico supiera a ciencia cierta que estaba con una chica-, y vergüenza por haberse dejado engañar.

La terapia cognitiva consistió en que el chico dejara de sentirse la víctima de un engaño. Para ello le puse el símil de cómo los anuncios en la televisión pueden conseguir que nos levantemos del sofá para ir a coger una coca-cola sin que en ningún momento seamos conscientes de que no teníamos ni sed ni ganas de coca-cola. Y le hice notar, y sentir, que si llegábamos a tomar la coca-cola sería solamente por influencia del anuncio. Y en el caso en que llegásemos a ser conscientes de ello, para nada nos sentiríamos víctimas de un engaño y mucho menos sentiríamos vergüenza. Como mucho diríamos “¡Chapeau!, qué buen anuncio”. Por ello, a partir de este símil, hice que el chico reconstruyera su mapa cognitivo de la situación que se dio con el travesti, haciendo un Rol-Play en el cual él, sentado frente al travesti, sentía su potente erección y, contento por ella, daba las gracias al travesti, le miraba a los ojos y, haciendo el gesto de “¡Chapeau!”, le decía “Pero… ¡qué buen profesional eres, chico!, aunque… ¿sabes qué? Que seré yo el único que se beneficie de esto (la potente erección) que me has regalado. Seré yo el único que se beneficie de ella, desde hoy en adelante”.

Atentos al hecho de que el “desde hoy en adelante” no se lo hice decir por casualidad. Fue totalmente intencionado y estratégico. Se lo hice decir con la clara intención de que su mapa cognitivo y su subconsciente se quedaran con la “verdad” de que sus erecciones serían para siempre y, además, potentes.

Además del Rol-Play me aseguré de que este recableado de su mente, este nuevo mapa cognitivo, quedase bien grabado en su subconsciente, la parte de la mente que genera todos nuestros comportamientos. Para establecer el mismo diálogo estratégico pero con el subconsciente, en vez de con su consciente, coloqué al chico en el estado mental alfa, un estado de focalización, donde la atención es máxima. El estado alfa es el el que Daniel Goleman, “descubridor” de la Inteligencia emocional, denomina zona crepuscular porque es la zona que atravesamos todos los días al irnos a dormir. Es el estado en el que caemos cuando “soñamos despiertos”, o cuando nuestro terapeuta nos induce a él a través de la relajación y a través de las sugestiones verbales. Y es el estado en el que se da la creatividad máxima y la concentración máxima en una tarea o deporte. Es el estado de flujo, también denominado “Zona”. Es el estado en el que lo aprendido no se olvida porque se trata de un aprendizaje doble: cuerpo-mente. Así pues, en ese estado alfa, repetimos las nuevas consignas de no-vergüenza y erección. En tan solamente 2 sesiones desapareció la vergüenza y, con ella, el miedo “a fallar”. Después de 6 sesiones el chico está “potentemente feliz”.

  • Estrategia contra los miedos compulsivos

Podemos aplicar varias estrategias entrelazadas:

  • Una de ellas es la de la Relajación. La fisiología que acompaña a la relajación es la opuesta e incompatible con la fisiología del miedo. Por lo tanto, es imposible tener la musculatura relajada y tener miedo, como es igualmente imposible tener la musculatura tensa por el miedo y sentirnos relajados al mismo tiempo.
  • Otra estrategia es hacer terapia cognitiva respondiendo con razonamiento lógico a la irracionalidad del miedo. Como por ejemplo responder a: “Si vuelo tendré un ataque de pánico y haré alguna locura” con: “A lo mejor tengo un ataque de pánico pero puedo controlar mi respuesta y no me volveré loco”
  • Otra estrategia es aplicar terapia cognitiva respondiendo a los pensamientos de miedo con humor y, también, llevándolos a un extremo con la finalidad de que se autodestruyan. Muchas situaciones de humor lo son a partir de exagerar hechos habituales. Eso mismo haremos con el miedo, exagerarlo para ver su i-realidad. Y eso mismo haremos con cualquier limitación cognitiva: llevar al limite aquello que sentimos como una imposición, propia o ajena, insuperable.

Veamos un ejemplo de ello:

  • El judío Shalom Auslander cuenta de su miedo infantil relativo a la historia judía según la cual con el semen conseguido en las masturbaciones Dios llena unas ollas en las que el masturbador será hervido al morir. A pesar del miedo que experimentaba Auslander, la biología lo llevaba a “vaciarse”. Pero… ¡qué sufrimiento continuo! Finalmente, realizó un acto creativo mental. Se dijo: Con el semen vertido hasta ahora en masturbaciones habré llenado ya una olla entera, entonces … ¿qué importan ya las siguientes?
  • La persona con miedo a volar que se diga: “Viajaré en tren en lugar de en avión, al menos si tengo un ataque de pánico podré accionar la manivela de emergencia y bajar del tren” puede decirse a continuación el siguiente pensamiento combativo: “¡Muy inteligente! Seguramente el tren estará en medio de un pantano cuando me dé el ataque. ¡Con lo que me gustan las serpientes y los cocodrilos!”

La misma terapia cognitiva, o similar, puede aplicarse en estado mental alfa, para que el nuevo modelo de pensamiento funcional quedase bien grabado en su subconsciente, la parte de la mente que genera todos nuestros comportamientos

  • Estrategia contra los ataques de Ira.
    • La chica víctima de sus propios ataques de Ira

La chica contaba que era una chica simpática, divertida y agradable con los chicos. Cualidades que se apoyaban todas en ellas en la seguridad personal que sentía en cuanto a su posibilidad de agradarles como mujer y pareja. Pero una vez terminada la seducción, la chica empezaba a sentirse insegura en cuanto a su capacidad de poder mantener la atención de su pareja, y eso provocaba en ella continuo mal humor y salvajes ataques de ira que, además, no atendían a ningún motivo. Los ataques de Ira eran absolutamente compulsivos y descomunales. Aunque sus ataques iban dirigidos a su pareja, ella decía que se veía a sí misma como desde fuera y siendo ella la víctima de “el ataque de ira” que la poseía. Se daba una disociación total entre lo que era “el ataque que la invadía” y ella misma “ como su víctima. Además, ella no se sentía capaz de poder controlar sus ataques una vez que estos “se instalaban en ella y la poseían”.

Entre muchas otras cosas, una de las estrategias consistió en que ella pudiera verse “actuando el ataque” puesto que en condiciones normales era como si no se viera. Y consistió también en conseguir que ella pudiera darse cuenta de que ella tenía el control total y absoluto sobre sus ataques. De hecho, ellos no existían ahí fuera dispuestos a atacarla sino que era ella misma quien podía crearlos y quien podía anularlos. O simplemente dejar de crearlos y canalizar su ira de otros modos.

  • Estrategia en el Bloqueo creativo
    • El Novelista incapaz de escribir (historia de Giorgio Nardone)

El novelista cuenta que tiene la inspiración completamente bloqueada, y que cada vez que se pone delante del ordenador es incapaz de escribir cuatro frases para su nueva novela, cuya entrega, por otra parte, se encuentra ya pactada con su editor. Además, está muy preocupado porque ya ha retrasado más de un año la entrega del manuscrito, alegando distintas excusas, desde problemas de salud a problemas familiares. El editor se ha mostrado muy comprensivo, pues se trata de un autor de prestigio, pero ahora está empezando a presionarlo teniendo en cuenta además el importante anticipo ya entregado a cuenta de la obra. Lo que el autor considera más preocupante es que siempre ha utilizado una técnica que le ha permitido realizar su trabajo sin grandes esfuerzos; en cambio ahora esta estrategia está fracasando por completo. Normalmente en primer lugar pensaba en la trama de la historia, después la articulaba en una secuencia temporal y empezaba a escribir los capítulos uno a uno. Por lo general, el final de la historia llegaba como consecuencia directa de cuanto había narrado con anterioridad. En otras palabras, el autor no decidía el final antes de ponerse a escribir la novela, porque prefería dar libertad a la imaginación para desarrollar la trama, y construir así un final que fuera consecuencia directa de este proceso. En aquel momento, desgraciadamente, después de haber escrito el primer capítulo y haber elegido el título de la nueva novela, se había bloqueado y era incapaz de desarrollar la trama, capítulo por capítulo, hasta el final. Además, ni siquiera el capítulo que había escrito le entusiasmaba. Tenía la sensación de que había perdido la inspiración, y muchas veces había pensado que era el momento de poner fin a su brillante carrera de escritor y de dedicarse tal vez a la crítica o a otra cosa. En cualquier caso, antes tenía que cumplir su compromiso con el editor, al menos por última vez.

(…) Lo que hicimos fue proceder a analizar cuál sería el mejor final para la obra. Discutimos un rato mientras el autor, acosado por mis preguntas, empezaba a proponer algunos finales adecuados al título de la obra, y yo a mi vez le comentaba las sensaciones que cada uno de ellos me sugería. Al cabo de más de media hora, llegamos a coincidir en el final más idóneo entre todos los propuestos. Entonces le sugerí que escribiera, con la capacidad literaria que poseía, las últimas páginas del libro, que mentalmente ya había elaborado en su conversación conmigo. El autor, intrigado, siguió mi indicación.

Antes de una semana me trajo siete páginas escritas que constituían un buen final para el libro. A continuación empecé a discutir con él sobre cuál podría ser el mejor capítulo posible anterior a este final. Seguimos discutiendo hasta que le propuse un fragmento de trama que se adaptaba perfectamente al final. De nuevo le sugerí que lo pusiera todo por escrito.

Como habrá comprendido el lector, el trabajo se prolongó a lo largo de siete encuentros, centrado cada uno en la construcción de un capítulo, procediendo desde el final de la novela hasta el principio. No le permití que lo leyera todo, esta vez desde el principio hasta el final, hasta que la estructura de la obra estuvo completa. Con gran sorpresa por su parte, al escritor le gustó realmente la novela. Cuando su editor recibió la obra se quedó entusiasmado, y le dijo que había observado una interesante evolución en su forma de escribir. Desde luego no podía imaginar que el libro había sido escrito hacia atrás.